El balance de carbono de una empresa mide todas las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas a su actividad durante un año, agrupadas por categorías. Esta herramienta permite medir el impacto de una empresa en el clima y comprender sus causas. Es un paso indispensable para reducir eficazmente sus emisiones.
Los indicadores de intensidad de carbono permiten comparar el balance de carbono con un sector de actividad o con otras empresas. Se calculan al relacionar el total de emisiones de gases de efecto invernadero de la empresa con otro indicador numérico que refleje el tamaño de la empresa, como su facturación y su número de empleados.
Limitar el cambio climático requiere reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero en los próximos años. Los objetivos para cada empresa se establecen mediante estándares internacionales según el sector de actividad. Estos objetivos pueden implicar una reducción del total de emisiones de gases de efecto invernadero o una disminución de la intensidad de carbono de la empresa. Los balances de carbono sucesivos permiten evaluar la trayectoria de la empresa en relación con sus objetivos.
El cambio climático es el mayor desafío del siglo. Limitar el cambio climático significa reducir los riesgos de fallos en el sistema alimentario y de salud, los riesgos de disminución de los estándares de higiene y, por tanto, de contaminación por algún virus o bacteria. También se reducen los riesgos de inundaciones, incendios forestales, sequías, olas de calor, etc. Cada empresa tiene un papel importante que desempeñar en la transición ecológica y puede actuar a su escala para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero.
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Implementar un enfoque de bajo carbono en la empresa permite que esta cumpla su parte para el clima, pero también presenta otras ventajas: cumplir con la normativa, preservar su competitividad, reforzar su marca empleadora, responder a las demandas ambientales de sus clientes...
¡Las demás buenas razones para dar el paso son numerosas!
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El Balance de Carbono® es una metodología que permite medir todas las emisiones de gases de efecto invernadero de las que depende la actividad de una empresa: aquellas de las que la empresa es directamente responsable (como el uso de petróleo o gas), así como las generadas por toda su cadena de valor: clientes, proveedores, proveedores de sus proveedores, etc.
Esta metodología fue desarrollada por el gobierno francés a través de la ADEME, la agencia de la transición energética.
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Calcular un balance de carbono implica convertir la actividad de la empresa durante un año en una cantidad de gases de efecto invernadero emitidos.
Se estudia toda la actividad de la empresa, segmentada en categorías de emisiones: oficinas, desplazamientos, digital, compras, producción, etc.
Para cada categoría, la empresa proporciona los datos de actividad necesarios para realizar los cálculos, por ejemplo: consumo eléctrico de las instalaciones, resmas de papel utilizadas, ordenadores y equipos digitales comprados, kilómetros recorridos por los vehículos de la empresa, composición del parque de maquinaria, cantidad y tipo de materias primas utilizadas, etc.
La lista completa depende de la actividad de la empresa.
Estos datos se convierten luego en CO2 por Sami, utilizando factores de emisión: si la empresa ha consumido 10 resmas de papel en el año (dato de actividad) y una resma representa 34 kg de CO2 (factor de emisión), entonces las emisiones de CO2 vinculadas al papel serán de 10x34 = 340 kg CO2e al año.
Todos estos resultados se suman para obtener el balance de carbono total.
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Realizar un balance de carbono permite medir y comprender el impacto de la empresa en el clima.
Los resultados se utilizan para identificar las mayores fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero y reflexionar sobre cómo reducir estas emisiones.
También sirven para priorizar el trabajo para empezar a abordar las fuentes de emisiones más importantes.
El balance de carbono también sirve para seguir la huella de carbono de la empresa año tras año, para monitorear las reducciones de emisiones logradas gracias a las acciones implementadas e identificar las próximas vías de mejora.
Existen diferentes gases de efecto invernadero cuyas emisiones contribuyen al cambio climático: el dióxido de carbono (CO2), el más conocido, pero también el metano, el óxido nitroso y otros.
El poder de calentamiento de estos gases varía según su composición química; el metano, por ejemplo, contribuye 30 veces más al calentamiento de la atmósfera que el dióxido de carbono en cantidades equivalentes.
La tCO2e (tonelada equivalente de CO2) permite contabilizar los efectos de todos estos gases mediante una sola unidad.
Así, se puede tener una unidad estándar y legible que tenga en cuenta los efectos de calentamiento, más o menos importantes, de todos los gases de efecto invernadero existentes.
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Comparar los balances de carbono totales de dos empresas no es posible, ya que las cantidades de emisiones dependen del tamaño, la ubicación o la actividad de la empresa.
Para hacer posible la comparación y permitir que las empresas se sitúen respecto a otras o respecto a los promedios de su sector, se utilizan los ratios de intensidad de carbono.
Las emisiones totales de CO2e de la empresa se relacionan con otro indicador que tenga en cuenta el tamaño de la empresa: aquí, el número de empleados y la facturación.
Estos ratios, expresados en CO2e por € de facturación o por empleado, son comparables entre empresas.
Una trayectoria de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero es una hoja de ruta establecida por la empresa para fijarse objetivos de reducción de sus emisiones a largo plazo.
Los objetivos definidos y los indicadores utilizados (total del balance de carbono o intensidad de carbono) para seguir estos objetivos varían según las empresas y los sectores de actividad, pero todos tienen un objetivo común: alcanzar la neutralidad de carbono a nivel mundial.
La trayectoria definida por la empresa indica las reducciones anuales de emisiones necesarias para alcanzar el objetivo; la empresa puede entonces identificar cada año las acciones que debe implementar para cumplir el objetivo de reducción.
Normas internacionales proporcionan el marco para definir estas trayectorias.